La mirada elegante de Anxo Cabada
27 Noviembre 2009 en: Cuaderno del autor, Viaje interior por la provincia del BierzoEl destino nos reunió hace pocos días a Anxo Cabada y a mi, sin otra compañía que su cámara de fotos y las hojas del otoño, nada menos que en el Meridiano de Greenwich, allá donde reside la hora cero, la hora universal, la conciencia geográfica de la Tierra que habitamos, la percepción del Universo, el origen del tiempo. Yo creo que esa confabulación del destino, tirar secretamente de los hilos de nuestras vidas hasta llevarnos juntos al Meridiano Cero, no es casual y tiene mucho significado. Da sentido a los viajes que hemos vivido juntos y da perspectiva a los que nos reserva el futuro.
Gracias a la fotografía de Anxo Cabada, más que un libro hemos hecho un cofre del tesoro, una enciclopedia fotográfica berciana en la que Anxo fusila los paredones y las máquinas herrumbrosas y certifica la vida y la muerte de los paisajes desolados, destruidos, o de aquellos en los que renace la esperanza.
La característica principal de su discurso fotográfico consiste en transformar lo íntimo, local, lo umbilical y cercano, en paradigma universal. Y convierte lo ajeno, lo externo, lo global, lo distante, en próximo, propio, proteico.
En sus retratos, Anxo es Valle-Inclán en el callejón del Gato: los espejos deformes nos devuelven imágenes incómodas, nunca complacientes, donde el obispo parece un sátrapa vicioso y el minero de rostro manchado un niño indefenso, donde Rula sonríe niquelada y Pereira transmite en cada nervio de las manos un verso, una raíz, un relato, una leyenda.
Viajamos en busca del interior del Bierzo y de nuestro propio interior y lo encontramos: la fotografía de Anxo contiene el Meridiano Cero del Bierzo. Antes de partir hicimos un par de viajes de preparativos y maduramos la idea de retratar ese Bierzo íntimo y oculto a la mirada indiscreta: el interior de las casas, las cocinas y dormitorios, con los vecinos en camiseta. El interior de los paisajes, con los basureros y los putos molinos eólicos. El interior de la historia y de sus personajes –Prisciliano, Gil y Carrasco, los templarios- con sus humanas grandezas y miserias.
El interior de las minas y chimeneas, con su sórdida secuela de alcoholismos, ludopatías, silicosis y otros desastres sociales y familiares. Todos esos mundos interiores están en nuestro libro: lo que Anxo hace con la cámara no son fotos, son radiografías en las que se ve el esqueleto (los ríos y valles, las cumbres por las que transita la Eternidad); cada instantánea es un pulso incómodo que tensa los músculos y nos obliga a pensar; detrás de las miradas que capta, acecha un corazón palpitando. El corazón del Bierzo.
Su forma suave de trabajar, de fotografiar el mundo que nos rodea y su resultado estético, son indisolubles, forman parte de un mismo concepto artístico y vital: la elegancia en la mirada. La suya es una fotografía filosófica, transparente, que nos produce placer estético y, al tiempo, nos obliga a pensar. Cada vez que paséis una página vais a descubrir una sorpresa, una imagen que nos interroga, una entrega, una confidencia digital, un diálogo ateniense, una rendición incondicional.
Si la vida es un viaje, merece la pena vivirla para compartir el camino con compañeros de viaje como Anxo, cuya mirada limpia, elegante y profunda nos ayuda a comprender el mundo que nos rodea, y a entendernos a nosotros mismos.



